El checklist de lo innecesario
La maleta está prácticamente terminada. Solo falta meter el pijama. Un montón de «por si acasos» en la cama. Pero una voz habla justo antes de echar la cremallera: «¿Y si lo necesito?»
Esa voz es la responsable de que una maleta de ocho kilos termine pesando dieciocho. El mayor enemigo del equipaje es un «por si acaso».
Viajar tiene algo curioso: cuanto más experiencia acumulas, menos cosas llevas. No porque te hayas vuelto minimalista o ultraligerista, sino porque empiezas a distinguir entre lo imprescindible y lo simplemente improbable.
Este no es un artículo sobre qué debes llevar. Es, precisamente, sobre todo aquello que probablemente no deberías llevar.
La tablet que nunca salió de la funda
Hace unos años era habitual viajar con portátil, cámara y tablet. Hoy, el teléfono ha absorbido buena parte de esas funciones.
La tablet sigue teniendo sentido para vuelos largos, leer libros o trabajar, pero en muchos viajes termina de la maleta al hotel y del hotel a casa sin haber visto la luz del día. Pregúntate: ¿puedo hacer lo mismo con mi móvil?
El segundo bañador
Tiene lógica: uno se seca mientras utilizas el otro.
En la práctica, sin embargo, la mayoría de nómadas como nosotros acabamos usando siempre el mismo. Por costumbre, por comodidad o porque simplemente el primero nunca llega a estar tan mojado como imaginaban.
El ajedrez de viaje
Hay objetos que representan la mejor versión de nosotros mismos, pobres. El ajedrez de viaje es uno de ellos. Lo llevamos convencidos de que habrá tardes tranquilas en una plaza italiana o noches relajadas en el hotel, donde alguien aceptará una partida.
Lo que suele ocurrir es que el ajedrez pasa todo el viaje perfectamente organizado dentro de su caja, haciendo ruidito con sus piececitas, mientras nosotros estamos demasiado ocupados caminando, descubriendo lugares o simplemente durmiendo. Tu móvil (otra vez) tiene apps con las que podéis jugar los dos.
Copias, fotocopias e impresiones
Hubo una época en la que viajar implicaba llevar una carpeta llena de reservas impresas. Billetes, hoteles, mapas, horarios… ¡y en color! Hoy en día, raro es el aeropuerto que no tenga un lector electrónico de QR o código de barras.
La única excepción razonable sigue siendo llevar una fotocopia del pasaporte o del documento de identidad guardada en un lugar distinto al original. Es uno de esos pequeños gestos que rara vez hacen falta, pero cuando hacen falta, se agradecen enormemente.
La navaja multiusos
Tijeras, abrebotellas, lima, sierra, pinzas, alicates, destornillador y veinte herramientas más que probablemente nunca necesitaremos durante unas vacaciones.

Además, si viajas en avión con equipaje de mano, ni siquiera podrá acompañarte. Si no quieres que se quede en el Control d Seguridad, pregúntate si realmente lo vas a usar.
El botiquín del hipocondríaco
Un analgésico, unas tiritas, la medicación habitual y poco más resuelven la inmensa mayoría de situaciones durante un viaje.
Sin embargo, muchos neceseres sanitarios parecen preparados para abrir un pequeño centro de salud en mitad de una expedición o realizar una operación a corazón abierto.
Antibióticos, vendas, termómetro, tijeras, cuatro tipos distintos de pomadas y medicamentos para enfermedades que ni siquiera existen en el destino: no pasa nada, en todos lados hay farmacias.
Los zapatos «para salir a cenar»
Todos hemos imaginado esa cena especial, ese restaurante inesperado o ese evento donde harán falta unos zapatos distintos.
Llega el viaje de verdady hermanos caminado veinte kilómetros al día: terminamos utilizando las zapatillas cómodas para absolutamente todo. Da gracias que, al menos los hombres, no vamos con chándal a esa trattoria tan guay y mediterránea a la luz de la luna.
El paraguas grande
Parece una buena idea hasta que llevas cuatro días cargándolo. Ya no sabes dónde ponerlo. “¿Por qué no trajiste aquél pequeñito que teníamos en el recibidor?”
Si el destino tiene lluvias frecuentes, probablemente sea más práctico un impermeable ligero o un paraguas compacto. Y si llueve una sola tarde, siempre existe la posibilidad de comprar uno allí.
El trípode profesional
El destino promete amaneceres perfectos, fotografías nocturnas y autorretratos impecables. ¿Por qué no llevar un trípode profesional?
Si no eres fotógrafo profesional, andar todo el día con un kilo y medio extra al hombro para un par de fotos será, por lo menos, frustrante.
Los teléfonos actuales ofrecen estabilización excelente y existen trípodes compactos sorprendentemente eficaces. Salvo que la fotografía sea uno de los objetivos principales del viaje, el modelo profesional suele quedarse esperando una oportunidad que rara vez llega.
La batería externa de medio ladrillo
La ansiedad por quedarse sin batería ha hecho que muchos viajeros transporten auténticas centrales eléctricas portátiles.
Pero la mayoría de los días terminan con el teléfono aún por encima del 30 %, una parada para comer cerca de un enchufe y el hotel esperando por la noche.
Una batería externa sigue siendo una gran idea, pero con una de 5000 puede ser suficiente.
Nómada incansable, amante de las mochilas de más de 40 litros. Geek de la geopolítica, las relaciones humanas y otros territorios en conflicto. Apasionado cuentacuentos, razón aquí.






