Roadtrip por Miami y Florida: Parte 1

Roadtrip por Miami y Florida: Parte 1

Lo sé, en Europa somos bastante haters en cuanto a Estados Unidos se refiere, pero intenta no pensar en hamburguesas, banderas norteamericanas y Trump por un momento, y tendrás delante un país lleno de oportunidades, y no hablo del Sueño Americano, sino de un sinfín de paisajes distintos, animales que ni sabías que existían y la sensación de estar siempre dentro de una película.

Florida, en concreto, parece diseñada por alguien que dijo: “¿Y si juntamos playas tropicales, pantanos prehistóricos, jubilados millonarios, cohetes espaciales y aligátores en una península?”. Y lo más sorprendente, amigo nómada, es que funciona.

En este primer artículo conduciremos siguiendo las rectísimas carreteras americanas por el sur de la península de Florida.

Miami: Latinoamérica con skyline

“Miami no es Estados Unidos”, leemos en una pintada en una pared de La Pequeña Habana. O mejor dicho: parece la versión tropical y desmelenada de Estados Unidos. Aquí el español domina conversaciones, carteles y discusiones de tráfico, mientras los rascacielos brillan sobre una bahía llena de barcos sospechosamente caros.

Foto: Marc Sáez

La ciudad vive en un estado permanente de energía artificial: música alta, coches bajos, metros que atraviesan rascacielos y gente que parece dirigirse constantemente a una fiesta o a una sesión de fotos. Y, sinceramente, uno acaba entrando en el juego. No dejes de visitar los coloridos grafitis de Wynwood Walls o el parque boulevard de Bayfront Park.

Miami Beach: art déco y palmeras para aburrir

Cruzar la bahía hasta Miami Beach es entrar en un decorado donde los hoteles con art déco sobrevivieron gracias a una absoluta falta de moderación estética. Ocean Drive parece un lugar construido para que nadie baje nunca el volumen de nada y donde solo Cadillacs puedan conducir (pero, en realidad, tú también).

Detrás del postureo hay algo genuinamente fascinante: edificios pastel, playas con palmeras interminables y esa sensación de ser un extra de Miami Vice.

The Keys: la carretera sobre el océano

Bajar hacia los Cayos de Florida es una de las mejores experiencias de carretera de Estados Unidos, y una de mis experiencias favoritas en Florida. La Overseas Highway conecta islotes tropicales mediante puentes larguísimos donde, por momentos, estás conduciendo directamente sobre el océano. Uno de los puentes tiene 7 kilómetros de largo.

Aquí el tiempo se ralentiza (literalmente, pues la velocidad máxima es de 30 millas por hora). Todo gira alrededor del mar, el pescado fresco y la sensación de que nadie tiene demasiada prisa. Al fin y al cabo, están a tiro de piedra de Cuba, para bien o para mal. Tendrás tiempo de hacer mil paradas. Por ejemplo en Cayo Largo (Key Largo) para hacer snorkel; o en Bahía Honda, para ver sus playas, su bosque tropical y su puente cortado; o en 

Foto: Marc Sáez

Key West, al final del archipiélago, mezcla espíritu caribeño, bares caóticos y un orgullo extraño por estar “tan al sur como se puede sin salir del país”. También fue la casa de Hemingway, que podrás visitar y acariciar a los descendientes de sus gatos, que tienen todos seis dedos, como los suyos. Key West es también el punto más septentrional de Estados Unidos.

Everglades: aligátores y humedales infinitos

Los Everglades son un recordatorio incómodo de que Florida pertenecía claramente a los reptiles antes que a los humanos. Un inmenso humedal donde aligátores, tortugas y aves gigantes conviven en silencio pantanoso mientras tú atraviesas canales en una lancha que hace demasiado ruido para ser tranquilizadora.

Es uno de esos lugares donde entiendes que la naturaleza no siempre quiere resultar acogedora. Y precisamente por eso impresiona tanto. Además de los esperados aligátores, verás manatíes, tortugas, y un sinfín de aves que no tenemos en Europa. ¡No te olvides de los prismáticos!

Naples y Venice: la Italia estadounidense

La costa oeste cambia completamente el tono del viaje. Naples y Venice son más tranquilas, más limpias y sospechosamente ordenadas. Aquí Florida parece haberse jubilado oficialmente, pues ya a finales del siglo XIX los promotores turísticos vendían Naples como “más bonita que la Nápoles italiana” a la clase alta. Spoiler: lo consiguieron.

Las playas son enormes, los atardeceres parecen producidos por Netflix y todo tiene ese aire de prosperidad relajada donde la principal preocupación parece ser reservar mesa frente al mar antes de las siete.

La Costa Este: canales y palmeras perfectas

Si cruzásemos toda Florida de oeste a este por la carretera 41 volveríamos a la área metropolitana de Miami, enorme si sumamos los núcleos de Fort Lauderale y Palm Beach. Se entra así en territorio de yates obscenos, mansiones escondidas entre vegetación tropical y ciudades donde todo parece recién lavado. Sí, va con segundas.

Foto: Marc Sáez

Palm Beach vive cómodamente en una dimensión paralela donde nunca faltan campos de golf, camisas de lino ni starbucks en mano. Sin ir más lejos, es en Mar-a-lago, en Palm Beach, donde Donald Trump tiene su cueva. Fort Lauderdale, cuadriculada por canales, intenta ser una Venecia tropical con más barcos y menos Renacimiento.

Jupiter y Juno (sí, también tiene Mars), más al norte, ofrecen una despedida tranquila antes de volver a la vorágine de Miami: playas amplias y casi desiertas, faros solitarios y esa sensación melancólica de final de viaje.