Roadtrip por Miami y Florida: Parte 2

Roadtrip por Miami y Florida: Parte 2

Por mucho que pienses en la fama de Miami, un roadtrip por Florida no es un viaje especialmente elegante. Es húmedo, caluroso, lleno de mosquitos y con una preocupante cantidad de gente en chanclas en cualquier contexto imaginable. Pero precisamente por eso es maravilloso. 

Porque Florida no intenta ser sofisticada: intenta ser Florida. Y eso ya es bastante experiencia. 

En este segundo artículo, acompáñame a visitar la Florida más nómada, al norte de Miami.

Siesta Beach: arena y tiburones

Su arena, famosa por estar compuesta casi enteramente de cuarzo, es tan blanca y fina que da la impresión de caminar sobre harina fría incluso bajo el sol abrasador de Florida. El agua es tranquila, turquesa y transparente, eso sí, ¡cuidado con la Carabela Portuguesa si la ves flotando!

Foto: Marc Sáez

En Siesta Beach, cerca de Sarasota, el tiempo se ralentiza de forma peligrosa: uno llega pensando en pasar una hora y acaba contemplando un atardecer rosa, violeta y naranja, rodeado de gaviotas juguetonas y solo el sonido de la brisa del Golfo de México.

Si ves pequeños triangulitos negros en la arena de Siesta Beach, sí, son pequeños dientes de tiburón.

Tampa: la Florida menos cinematográfica

Tampa no suele aparecer en las postales clásicas de Florida, y eso juega bastante a su favor. Es una ciudad vivida, más que fotografiada, donde los rascacielos modernos conviven con barrios históricos de influencia cubana como Ybor City, todavía impregnados de olor a tabaco y ladrillo antiguo. 

Aquí Florida baja el volumen: menos artificio, más vida cotidiana. Entre cervecerías, canales urbanos y partidos de hockey jugados a treinta grados, Tampa tiene esa energía extraña de ciudad que no necesita impresionarte constantemente para terminar gustándote mucho.

Crystal River: nadar con manatíes 

Crystal River ofrece una de las experiencias más extrañas del mundo: poder nadar con manatíes. Estas criaturas gigantes decidieron abandonar cualquier ambición evolutiva hace millones de años y se relegaron a los ríos y los mares de Florida.

Flotan lentamente, te observan con absoluta calma y transmiten una energía tan pacífica que uno sale del agua con ganas de reducir el ritmo vital inmediatamente. En Crystal River se puede nadar con ellos en invierno, cuando vuelven río arriba para aparearse. Una experiencia única.

Silver Springs State Park: manantiales y macacos

En Silver Springs State Park ocurre una de las combinaciones más desconcertantes del estado: manantiales cristalinos y monos salvajes. Sí, monos. Nadie sabe explicar Florida sin que aparezca una frase así tarde o temprano. 

El parque es famoso por sus aguas transparentes, tan limpias que los tradicionales barcos con fondo de cristal parecen flotar en el aire. Debajo se deslizan peces, tortugas y vegetación acuática con una claridad casi absurda. Y entre los árboles, ocasionalmente, aparecen macacos rhesus descendientes de animales liberados décadas atrás para una atracción turística. No, no hay que entender Florida, hay que quererla como es.

Blue Spring State Park: el baño tranquilo en el interior

Blue Spring State Park representa la Florida que existe entre los titulares extraños y los parques temáticos. Un lugar donde el agua brota a temperatura constante, formando un río de color turquesa intenso rodeado de vegetación subtropical y silencio húmedo. 

Foto: Marc Sáez

Durante el invierno, cientos de manatíes llegan buscando calor, convirtiendo el parque en uno de los mejores lugares del estado para observar estas criaturas, así como también aligátores y cocodrilos, con los que, por alguna razón, conviven. 

Todo aquí invita a bajar revoluciones: kayak lento, senderos tranquilos y esa sensación agradable de que, por una vez, Florida no intenta gritarte nada.

Orlando: fantasía y aire acondicionado 

Orlando no es una ciudad: es una sucesión de parques temáticos unidos por autopistas. Solo Disney tiene cuatro parques temáticos distintos: Disney’s Animal Kingdom, Magic Kingdom, EPCOT y Disney’s Hollywood Studios. Universal, otros dos: Universal Studios Florida y Universal Islands of Adventure

A todo esto hay que sumarle SeaWorld Orlando, LEGOLAND Florida Resort, Gatorland… etc. Cientos de atracciones convierten el lugar en un laboratorio donde se estudia cuánto tiempo puede sobrevivir un adulto bajo estímulos constantes y calor subtropical.

Y sin embargo, funciona. Porque Orlando entiende perfectamente algo esencial sobre viajar: a veces no buscamos autenticidad; buscamos divertirnos como niños durante unas horas.

Daytona: la nostalgia americana

En Daytona Beach todavía flota ese aroma a Spring Break clásico, coches musculosos y moteles frente al mar. Es una Florida más vintage, menos filtrada. Si es posible, intenta cuadrar el viaje para poder ver una carrera de la Nascar: una experiencia inolvidable.

Foto: Marc Sáez

La suya es una de mis playas favoritas de Florida, vive entre surfistas y muscle cars, pues es una de las pocas playas del mundo en las que se puede entrar en coche hasta la arena. Pasea por el Daytona Broadwalk o ve al muelle o “pier” a ver cómo surcan el agua los bancos de mantas rayas o cómo los lugareños pescan algún pequeño tiburón al atardecer.

Pocas cosas resumen mejor Estados Unidos.

Cabo Cañaveral: donde Florida mira al espacio

El Kennedy Space Center tiene algo profundamente emocionante incluso si no te interesa especialmente la ciencia. Quizá porque representa una versión optimista del futuro que hoy parece casi nostálgica.

Cohetes gigantes, cápsulas espaciales y plataformas de lanzamiento frente al océano convierten el lugar en un recordatorio de que el ser humano, a veces, también hace cosas impresionantes.

Antes de planificar tu viaje consulta el calendario de despegues de cohetes porque es muy posible que coincida uno con tu viaje. En ese caso, no solo podrás verlo desde el mismo KSC en una de sus gradas, sino también de alguna de sus playas cercanas, como en Cocoa Beach.