Estaciones de esquí donde cambiar de país sin quitarse los esquís

Estaciones de esquí donde cambiar de país sin quitarse los esquís

Hay fronteras que obligan a enseñar el pasaporte, hacer cola y responder a la clásica pregunta de “¿algo que declarar?”. Y luego están las que simplemente se cruzan deslizándose montaña abajo.

Europa, experta en quitar hierro al asunto convertir siglos de conflictos fronterizos en atracciones turísticas, también tiene un puñado de estaciones de esquí donde cambiar de país resulta tan sencillo como tomar el remonte equivocado. Aquí las aduanas han sido sustituidas por telesillas, los carteles cambian de idioma de una pista a otra y el mayor problema diplomático consiste en decidir en qué país merece más la pena parar a comer.

Estas son algunas de las estaciones internacionales más interesantes de Europa:

Via Lattea (Italia y Francia)

Este enorme dominio une Montgenèvre, en Francia, con las italianas Claviere, Sestriere, Sauze d’Oulx, Sansicario y Pragelato, sumando alrededor de 400 kilómetros de pistas. Su fama creció aún más cuando varias de estas estaciones acogieron pruebas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006.

Un refugio sirve tartiflette y el siguiente propone pasta fresca, polenta o espresso. Pocas fronteras ofrecen una recompensa culinaria tan inmediata.

Matterhorn Ski Paradise (Suiza e Italia)

Hay estaciones internacionales, y luego está Matterhorn Ski Paradise. El dominio conecta la elegante Zermatt, en Suiza, con Breuil-Cervinia y Valtournenche, en Italia, bajo la inconfundible silueta del Matterhorn, probablemente una de las montañas más fotografiadas del planeta.

La cara suiza transmite esa imagen de precisión alpina casi perfecta, mientras que el lado italiano invita a alargar las comidas y disfrutar del esquí con un ritmo ligeramente menos apresurado. Dos formas distintas de entender los Alpes separadas únicamente por una cresta.

Portes du Soleil (Francia y Suiza)

Si existe una referencia mundial cuando se habla de dominios esquiables internacionales, esa es Portes du Soleil. Repartido entre Francia y Suiza, conecta doce estaciones (ocho francesas y cuatro suizas) formando una auténtica telaraña de remontes y pistas que supera los 650 kilómetros.

Puedes comenzar la mañana desayunando un café y un cruasán en Morzine, pasar la comida en Champéry disfrutando de una fondue suiza y regresar a dormir al lado francés sin haber abandonado nunca la nieve.

Ischgl y Samnaun (Austria y Suiza)

No todas las estaciones internacionales destacan únicamente por la nieve. La unión entre Ischgl, en Austria, y Samnaun, en Suiza, ha conseguido hacerse famosa por un motivo bastante peculiar.

Samnaun disfruta desde hace décadas de un régimen especial de zona franca. Eso significa que muchos esquiadores cruzan la frontera no solo para recorrer sus 239 kilómetros de pistas, sino también para aprovechar las tiendas libres de impuestos.

Perfumes, relojes, alcohol, chocolate o productos electrónicos convierten a esta pequeña localidad suiza en una parada casi obligatoria. Probablemente sea el único dominio esquiable donde una bajada termina con una bolsa de compras en lugar de una fotografía.

Kanin–Sella Nevea (Eslovenia e Italia)

Mucho menos conocida que las anteriores, Kanin–Sella Nevea conecta la localidad eslovena de Bovec con la italiana Sella Nevea, en pleno corazón de los Alpes Julianos.

No compite en tamaño con los gigantes alpinos, pero ofrece algo difícil de encontrar en otro lugar: la posibilidad de cruzar a la antigua Yugoslavia esquiando, una frontera que durante buena parte del siglo XX formó parte del Telón de Acero, una de las más infranqueables de Europa. Idea para los freaks de la geopolítica y la historia.

Porte des Neiges (Andorra y Francia)

Andorra estuvo a punto de sumarse a la lista de estaciones internacionales. Durante los años 2000 se proyectó unir Grandvalira con Porté-Puymorens, en la vertiente francesa, lo que habría creado el dominio esquiable internacional de Porte des Neiges, el más grande del sur de Europa.

El proyecto nunca llegó a realizarse, pero muy cerca se encuentra otra curiosidad fronteriza: el Estany de les Abelletes. Durante décadas, Andorra y Francia no se ponían de acuerdo sobre el trazado exacto de la frontera en este pequeño lago de alta montaña, pero en 2012 acordaron compartir su superficie y recursos hídricos, lo que supone que la línea fronteriza pasa por encima del agua. ¿O bajo ella?