Pantumaca

¿Es el Pan Tumaca un invento catalán?

Mon Dieu! ¡Con la que está cayendo y yo meterme en estos fregaos sobre el origen del pan tumaca! Aunque sin embargo y con la mano en el pecho, creo que le debo su merecido homenaje. Lo desayuno todos los días cuando estoy en Rusia (vivo más allí que en España), porque cuando vuelvo a Valencia, no puedo evitar mis galletitas doradas de la infancia.

Así que intentaré desentrañar el misterio y sin ofender a nadie espero, navegaré por la historia de este plato tan simple como delicioso. Una auténtica droga para muchos paladares entre los que se incluye el de un servidor.

Lo primero, ¿de donde viene ese tomate?

Al contrario que el tema del huevo o la gallina, el origen del Solanum lycopersicum, que así se llama científicamente, está bien documentado y, tal vez, podría ayudarnos a conocer de donde viene el plato. O no.

Pues bien, el tomate no proviene de las Ramblas, sino de algún lugar situado unos grados más al este. Es originario de América donde era producido desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile y llegó de la mano de aquellos alegres conquistadores que lo introdujeron en Europa en el siglo XVI como…planta ornamental. Su consumo terminaría popularizándose doscientos años más tarde. Cosas de las crisis, imagino.

Buscando al primer Arguiñano

Pero a poco que recordemos, casi todos sabíamos esto ya: el tomate viene de América como la patata y esto no creo que debiera restarle ningún tipo de catalanidad a su origen.

Desde la antigua Grecia es conocido el delicioso sabor del pan aliñado con aceite de oliva condimentado con una pizca de sal, así que como país integrante de la tradición culinaria mediterránea al menos en su forma original seguro que llevamos usando algo parecido en España durante muchos años. La receta se recogería como «panboli i bo» en el «Modo de cocinar a la mallorquina» de Jaume Oliver en el siglo XVI (No te confundas con Jaimie Oliver, el de las inmundas paellas) y, por supuesto, todavía no incluía tomate.


Con independencia de estos antecedentes y ahondando en su versión moderna, quien parece resolver ¿definitivamente? el asunto sobre el origen es el periodista y gastrónomo catalán Nestor Luján que en 1950 escribió que la receta de lo que actualmente conocemos como «pan tumaca» se encuentra en un libro de 1884. Su escritor, el también catalán Pompeu Gener, decía en él que lo había probado en casa de una tal Madame Adam que lo había puesto de moda. Pero tal vivienda se encontraba un poco lejos del Estadi Olímpic, en concreto, en el centro de París.

Curiosamente, la leyenda más extendida en Cataluña es aquella que cuenta que los primeros en usar el tomate para untarlo, serían los trabajadores de Murcia, Andalucía y Extremadura encargados de la construcción del metro de Barcelona. En aquella época, sobre 1920, lo utilizarían con el fin de ablandar el pan algo durillo que les daban a la hora de comer. Aparentemente conforme construían, plantaban las tomateras al lado de la vía. Me parece una teoría preciosa con un enorme pero: en las vías de un metro en obras de entonces había menos luz que en el castillo del Conde Drácula y la fotosíntesis es un hecho.

En fin, que dejaré a tu libre elección determinar si es francés o catalán de la parada del metro de Bogatell. Por mi parte pienso que tratándose de una receta tan simple y con productos tan comunes, por mucha Madame Adam, supongo que alguien lo habría intentando antes o a la vez en varios lugares. Eso si, lo de los trabajadores del metro, muy bonito pero como que no me lo creo.


Así os dejo, sin desfacer el entuerto del todo y sin mojarme mucho. Tengo unas galletitas doradas esperándome y ya os contaré otro día cómo me las apaño para pasar mi aceitito de oliva virgen extra por la frontera rusa que además de arte, tiene delito.